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Primicias24.com – Con el bombardeo del sábado en los alrededores de Deir Ezzor, en el este de Siria, y el cruce de reproches entre EE UU y Rusia, el plan corre el riesgo de desmoronarse. Cuando, como ha ocurrido en las últimas horas, altos responsables de ambas potencias se acusan de complicidad con el terrorismo internacional del ISIS o con las matanzas y torturas del régimen de Bachar El Asad, se hace difícil imaginar una acción conjunta en Siria.

Yihadismo / Imagen referencial

Yihadismo / Imagen referencial

El acuerdo entre EE. UU. y Rusia, que se anunció el 9 de septiembre en Ginebra (Suiza), contemplaba primero un cese de los ataques contra las fuerzas del Gobierno sirio, aliado de Moscú, y contra los rebeldes no afiliados con el ISIS. En un segundo momento, las fuerzas armadas estadounidense y rusa debían cooperar, en una alianza insólita en tiempos recientes, para derrotar a los yihadistas.

Maria Zakharova, una portavoz del ministerio de Exteriores ruso, dijo el sábado que “la Casa Blanca está defendiendo al Estado Islámico”. Una acusación, que, con variaciones, también ha lanzado Donald Trump, el candidato republicano a las elecciones presidenciales de noviembre en EE. UU. Al asegurar que su rival demócrata, Hillary Clinton, y el presidente Barack Obama, fundaron el ISIS.

El acuerdo de Ginebra

Yihadistas / imagen referencial

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Fraguado por el secretario de Estado, John Kerry, y su homólogo Serguéi Lavrov, fue un paréntesis de diplomacia constructiva en medio de suspicacias crecientes. El acuerdo nació cojo, con reticencias en el Pentágono ante la posibilidad de participar en operaciones militares conjuntas con Rusia y compartir información sobre objetivos y métodos. EE UU cree el objetivo ruso en Siria es proteger a su aliado, El Asad. Los rusos creen que los estadounidenses protegen a yihadistas contrarios a El Asad.

Las tensiones ocurren en un momento de deterioro acelerado en la relación bilateral. EE UU ve la mano rusa detrás de recientes ataques cibernéticos que ha llevado a la publicación de correos electrónicos privados de deportistas estadounidenses, de un exsecretario de Estado como Colin Powell y del Partido Demócrata. La sospecha, no demostrada, va más allá, y apunta a la posibilidad de que Moscú, agraviado por lo que considera que es una injerencia de Washington con ayudas a grupos pro derechos humanos rusos, esté intentando intervenir en la campaña electoral estadounidense. Uno de los candidatos, Trump, ha declarado su admiración por el presidente ruso, Vladímir Putin.

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