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Primicias24.com (Opinión) – Este primero de septiembre triunfó la ciudadanía y se elevó el talante democrático de la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), y la sociedad civil que promueve el cambio. La gran toma de Caracas sencillamente fue lo que se esperaba, una inmensa y sin precedentes manifestación pacífica que reclamo el hambre de democracia y de libertad que exige toda una sociedad aquejada por un maremágnum de problemas.

El inmenso poder de convocatoria exhibido por las fuerzas opositoras, a pesar de todos los obstáculos puestos por el gobierno ha dejado boquiabiertos a propios y a extraños. El monstruo de la violencia y del golpismo, tantas veces esgrimido por la dirigencia oficialista quedo desvirtuado por la férrea voluntad democrática del venezolano que se volcó masivamente a las calles a exigir de manera pacífica sus derechos constitucionales.

No pudieron las amenazas. Tampoco las alcabalas y los controles, ni trancar los accesos a la gran Caracas. El pueblo ansioso de hacer escuchar su voz de protesta por lo que está viviendo a diario salvo todos los obstáculos y se concentró en los puntos de convocatoria de acuerdo al comportamiento ordenado y pacifico que caracteriza a la grandísima mayoría de los venezolanos, porque el ser pacifico no contrasta de manera alguna con el derecho de exigir lo que consagra como derecho nuestra Carta Magna.

La gente demostró con responsabilidad y con apego a las normas del juego democrático, que sabe reclamar lo que por derecho le corresponde sin caer en provocaciones. Pero mientras se desarrollaba esa magnífica demostración de la suma de voluntades de todo un pueblo, en el centro de Caracas se escuchaba una vez más un discurso agotado, belicista, violento, amenazante, haciendo oídos sordos y descalificando la manifestación de más de un millón de venezolanos que salieron a las calles a pedir a gritos soluciones a la crisis que vive el país.

El pueblo hoy mostró su desaprobación por un modelo socio-político y económico que fracasó, que empobreció al país más rico de América Latina y pide al Presidente contarse. No hay razón que pueda esgrimirse para pretender conculcar el de derecho que tienen los pueblos a decidir su destino por la vía electoral y constitucional.

La calle habló, esperemos que el alto gobierno de una vez y por todas muestre disposición a escucharla y no obcecarse en desconocer el clamor popular con el único fin de mantenerse en el poder. Al final el único objetivo de todo servidor público debe ser el de generar la mayor suma de felicidad y bienestar a todos y cada uno de sus ciudadanos.

Lo escrito en el artículo de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor.
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