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Primicias24.com (Opinión) – La multitudinaria movilización del 1ero de septiembre destronó la poca dignidad que le quedaba al oficialismo, si es que alguna vez lucieron de ella, no salen de su asombro, no solo por la cantidad casi indescriptible de asistentes que desde cada trinchera del país se movilizó encaminada a una manifestación de genuina democracia, sino porque, para disgusto de ellos, la Toma de Caracas, no se tiñó de sangre como esperaban, el papel de víctima, como fatal estrategia, como vergonzosa carta en su pobre juego, les quedará para otra oportunidad cuando su alto nivel de egoísmo, egocentrismo y poder se los permita.

Los venezolanos fueron conscientes y democráticos, y en base a esas premisas ciudadanas, no decepcionaron, atiborraron Caracas, no en vano seguimos el “ejemplo que Caracas dio”, Con valentía y con optimismo no debemos bajar la guardia, ahora como nunca, vale la pena recordar que nos queda pelea por delante y en eso también debemos ser precisos, sin desviar nuestra mirada del objetivo. Un desafío tremendo el que nos espera.

Nicolás Maduro, tristemente y a duras penas puede gobernar, es un bochorno. Venezuela no puede seguir siendo representada por un desacierto como él, la calle es nuestra, para mayores desafueros del oficialismo, Si, la calle es nuestra, en paz y en una excelsa armonía.

Ese día de gloriosa victoria humana, el 1ero de septiembre, cuando logramos unir y elevar puentes entre regiones sobrepasando los obstáculos más innegables, parte de una burda acción del gobierno en entorpecer el libre tránsito. Hicimos nuestra la voluntad de pacífica manifestación, en cada interioridad del venezolano, la adrenalina de sabernos en lo cierto, nos bañó de coraje para tomar Caracas en una justificada y abrumadora expresión popular.

Los pobres recursos que Nicolás Maduro tiene a la mano, le quitan el chance de tener para donde agarrar, lo único a lo que puede echar mano, es a un lenguaje soez impulsado por la cobardía que lo determina. Echar a correr para no desfallecer. Es por eso, que a él, hay que recordarle que el 1ero de septiembre se acopló al espíritu de cada manifestante como si de su propia piel se tratara, ahí no hablamos de ninguna coacción posible.

El 1ero de septiembre, cada quien se movió por su propia necesidad de Cambio, algo que al oficialismo se le hace cuesta arriba entender porque en su caso, se ven obligados a obligar, a precisar con depravación el tener que acudir a predicar ideologías que no comulgan con una parte significativa de este país.

Déjense de vagabunderías, sean transparentes, basta de forzar lo que no les pertenece, déjense de presionar al funcionario público, para que se acerque, firme, se dé una vuelta, les haga un falso “bulto” y chao. Con tanta hambre en el pueblo es imposible que llenen una cuadra, no de alegría o convicción política. Más bien de reconcomio. Lo primordial es atemperar la situación del país. La peste debe desaparecer, cual nube gris posada sobre la latitud de nuestra tierra.

Venezuela se vio en el espejo de una miserable realidad: Cuba. Un espejo que nos ayuda a tener en cuenta que los venezolanos con nostalgia recordamos el país de hace unos años atrás. Quien se ame a sí mismo y más aún, quien ame a la tierra que lo parió, lucha hasta lo más ínfimo de su ser por exterminar el país sombrío que nos sembraron a pulso de odio y corrupción.

En la calle del 1ero de septiembre los ciudadanos retamos esta realidad, despreciamos con toda propiedad 50 años de chavismo/madurismo, al más puro estilo de esa realidad cubana, instaurada por los maestros de la inoperancia, los Castro.

El mecanismo de la represión hastió a este pueblo, sin temor alguno seguiremos en las calles por Venezuela, por una nueva dirigencia, una que resuelva el sinfín de conflictos que aquejan a los venezolanos, la lista es larga, una problemática descomunal ocasionada por un gobierno insensato, amarrado a un poder que ya no tienen. El Referendo Revocatorio de la mano de ese Cambio que anhelamos, de la mano de la manifestación de acuerdo a lo que dictamina la Ley, en la calle, y pacíficamente, es donde nos veremos las caras. Que la llave de la libertad sea nuestra más legítima aliada.

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